La Tienda De La Cabra:

Representaba cuatro imaginarias chirigotas de las que pudieron salir de la famosa taberna, que estuvo en la plaza de la libertad, esquina con Abreu, sede oficiosa de Manuel López Cañamaque. Antonio Rivas tenía esta idea desde muchos años antes, pero como su coro anterior era el mixto no le encajaba un tipo donde representar chirigotas centrada en una época histórica donde solo la formaban hombres. A la primera oportunidad que tuvo la propuso a Julio, quien rápidamente supo sacar todo el provecho a una idea realmente nueva. Al presentarse en el falla, se abre el telón y el coro no está, ni sus tarimas (practicables) tradicionales, sino una mesas y unas sillas. Al ritmo de caja y

 

 

 bombo, desde la bambalinas y perfectamente sincronizados salen las cuatro chirigotas y los músicos, y terminan la presentación montados mientras se cantaba, a la manera de un coro tradicional. Destacar de este coro todo. Como novedad es la primera vez que un coro adapta como suyo un cuplé de chirigota y su correspondiente estribillo de trabalenguas, el público entiende que encaja con el tipo y lo aprueba. El popurrí, que empieza musicalmente con las mismas notas de Falla que sirven de melodía al reloj del Ayuntamiento, es un recorrido por el siglo donde se cuenta década a década que pasaba en Espacia y que pasaba en Cádiz, y en la Cabra. Aunque no se cantó en el falla, el popurrí viene en la grabación precedido de un pasodoble con música original de Julio, de los más añejo, y en el que Antonio en la letra define qué era la Cabra y sus chirigoteros. El coro inicia aqui su camino hacia el teatro, no sólo canta sino que representa. Detalle curioso: los que iban disfrazados de pirata llevaban un loro en su hombro. El chispa personalizó el suyo, poniendo un ojo tapado y una muleta. Ese mismo loro del chispa reaparece luego en escena en el Tío de la Tiza, en el Bohío, en la Gaditana, y en Cumpleaños Feliz,.